sábado, septiembre 06, 2008

El compromiso de sostenibilidad de Renfe... y la gominola

Stefano MortellaroConduzco un coche híbrido, utilizo bombillas de bajo consumo desde mucho antes de que Sebastián las descubriese, adquiero únicamente electrodomésticos del más alto nivel de eficiencia energética, separo la basura de forma escrupulosa. Vamos, que intento ser una persona responsable con el medio ambiente. No porque sea un neoconverso del cambio climático, sino simplemente porque creo que es el comportamiento correcto y responsable. En consecuencia, cuando compro un billete, por supuesto online, para viajar en el AVE a Madrid lo imprimo en una hoja usada por la otra cara y a mitad de tamaño para que el billete de ida y el de vuelta aparezcan en una única cara del folio.

Lo curioso es que este último compromiso con el medio ambiente me causa todos y cada uno de los viajes un altercado con las simpáticas azafatas del AVE. Unas veces con el tono más subido y otras menos, pero siempre tenemos nuestra discusión. Patricia puede dar fe ya que presenció alguna. Para mí es algo tan habitual como la gominola que reparten a los viajeros al comenzar el trayecto. La razón con la que me increpan siempre es la misma, que su lector de código de barras no puede leer el billete si está impreso en tan minúsculo tamaño (medio folio).

Siendo RENFE una compañía que presume de su compromiso de sostenibilidad y que incluso se permite darnos consejos de cómo conducir nuestra relación con el medio ambiente, es cuando menos una desfachatez que discuta conmigo por cumplir sus consejos y compromisos. No es nada más que otro ejemplo de cómo las políticas corporativas se diseñan como operaciones de marketing y no se las cree ni quien las encarga, probablemente a algún consultor que las copia de la wikipedia o de las que haya publicado otra compañía.
Así que por favor, eliminen su compromiso de sostenibilidad o háganlo cumplir, pero dejen de molestarme cada vez que cojo el tren. Desde luego yo no pienso imprimir los billetes ni en color ni en un folio completo. Seguiré discutiendo amablemente tantas veces como sea necesario, porque después de aguantar la cantinela, resulta que el lector de códigos de barras siempre ha funcionado correctamente con mi minúsculo billete.

sábado, agosto 30, 2008

El del billete electrónico

Falta sólo un par de minutos para que salga el tren y llego corriendo al andén. El revisor me pide que le muestre el billete antes de acceder al vagón. Supongo que me ha visto llegar corriendo, que no vengo desde la taquilla y sospecha. Así que no espera a que me acomode. Por si acaso. Saco una hoja de papel impreso, y antes de examinarla el revisor me dice con una sonrisa:

Ah! Tú eres el del billete electrónico!

En ese momento me sentí como un auténtico colono atravesando las montañas rocosas en su camino hacia el salvaje oeste. Pisando terreno no explorado por el hombre blanco. Aunque fuese el año 2005 y una ciudad más o menos grande como Valladolid en un país presuntamente desarrollado digitalmente como España.


Esta historia ocurrió hace ya unos años, pero la he recordado mientras escribía el artículo acerca del compromiso de sostenibilidad de Renfe y aunque la he contado en multitud de ocasiones, he pensado que merecía un mini artículo.

jueves, agosto 14, 2008

Baloncesto y café con tostadas en los Juegos Olímpicos

El domingo desayuné viendo el debut de la selección española de baloncesto en los JJOO de Beijing 2008. Como ya es habitual, al menos en el último lustro, disfruté con el juego de esta generación de magníficos deportistas, que ganen o pierdan, nunca se les puede reprochar nada. Y además ganan casi siempre, hasta cuando tienen un mal día como el martes frente a China y juegan mal casi todo el partido.

Pertenezco a la generación de quienes desarrollamos nuestra pasión por el baloncesto en los años 80 con los logros de Corbalán, Epi, Fernando Martín y compañía. Después sufrimos en los 90 desastre tras desastre y recuperamos la fe a partir del mundial Junior de 1999 en el que descubrimos a Gasol, Navarro, Calderón y todos los demás. Todavía adolescentes pero ya grandes jugadores de baloncesto, como están demostrando ahora que están en su plenitud como deportistas.

A lo que no me acostrumbro es a ver los partidos por la mañana (o de madrugada como ocurrirá dentro de un rato contra Alemania) con una taza de café y unas tostadas en vez de con unos panchitos y unas cervezas por la tarde. Es lo que tiene el movimiento de rotación de la tierra y la dimensión global del deporte: de vez en cuando los JJOO se celebran en un huso horario o en un hemisferio incómodo para los europeos.

El sacrificio vale la pena y más aún estando de vacaciones ya que este equipo es aún mejor que el que ganó el Campeonato del Mundo de Baloncesto de Japón en 2006, donde también había que madrugar y ver deporte durante el desayuno. En la tecnología no podemos confiar porque por mucho que diga la publicidad de RTVE la posibilidad de ver los eventos a la carta en su web a la hora que queramos no deja de ser nada más que eso, publicidad. Es posible encontrar carreras de Michael Phelps de 3 minutos, y resumenes de casi todo, pero no ha habido valor para que todo un partido de baloncesto pueda disfrutarse a través de la web. Quizá en Londres 2012, y entonces lo disfrutarán en China, que serán quienes tengan el problema del desfase horario.

sábado, julio 12, 2008

Podcasting, blogs, y otras cosas modernas

El año pasado, Isa, mi corresponsal veraniego en Manchester, me envió el video sobre RSS que tanto os ha gustado. Parece que estos envíos se van convirtiendo en una tradición y este año durante su estancia me envió otro video de Common Craft, esta vez sobre podcasting, que es una cosa mucho más moderna:


Seguro que servirá para ayudaros a entender qué es eso que se llama casi como el iPod (esto sí que sabemos todos lo que es gracias al marketing de Apple), pero que como queda claro en el video no hace falta comprarse uno para disfrutar del podcasting.

Ya que estamos, he recopilado los videos de Common Craft que explican otross conceptos de uso frecuente en esta vida digital a la que os váis acercando poco a poco:
Existen otros muchos, sobre conceptos más complejos que seguramente os interesarán menos como el Social Bookmarking y sobre servicios para profesionales del blogging como Twitter. En cualquier caso, para los que os haya sabido a poco podéis ver todos los videos de Common Craft subtitulados en dotSub o los originales en el Show de Common Craft.

Espero que os gusten y sobre todo que estas explicaciones tan trabajadas os ayuden a aclarar ideas y a manejar con soltura estas herramientas. Estos videos son lo más parecido que conozco a aprender de forma divertida. Por cierto para los que os hayan llamado la atención, en los próximos días publicaré en Open Economy un artículo sobre la historia de Lee y Sachi LeFever, los fundadores de Common Craft.

domingo, junio 22, 2008

Por favor, ¡apagón analógico ya!

No es que tenga mucho interés por las aventuras de la selección en la Eurocopa de fútbol, pero es que intentar ver la tanda de penaltis en un cadena digital cuando parece que todo el país lo ve en el bar en una cadena analógica, le quita a uno las ganas.

Cuando el jugador está comenzando la carrera hacia el balón, ya oyes por la ventana los gritos que inequívocamente te dicen cuál ha sido el resultado del penalti.

Por favor, que adelanten el apagón analógico, que esto de tener una sociedad de la información de dos velocidades es muy molesto y no fomenta nada la afición.

Por cierto, ¡enhorabuena a la selección española!, que el hecho de que el fútbol no me interese demasiado no quiere decir que no me alegre de la victoria ante Italia. Y a seguir soñando con el título.

martes, junio 17, 2008

Si ya tienes teléfono, ¿para qué quieres internet?

Con frecuencia he sostenido en artículos anteriores, sobre todo en fracasos, que si las administraciones públicas respondiesen al correo electrónico que publican en sus webs ya darían un gran paso en la digitalización de sus servicios. Sin embargo, la historia que os voy a contar me temo que echa por tierra todos los argumentos que he utilizado en esas ocasiones.

Cuando me dispuse a solicitar la cita para obtener un DNIe pensé que no podía haber ningún problema. Se trata de la inicitativa que probablemente más cuidado debería haber puesto en sus servicios "digitalizados". Sólo por cuestión de imagen y credibilidad ante unos ciudadanos ya de por sí con escaso interés en el asunto. Por supuesto, en unos minutos descubrí que existía un sistema telemático de solicitud de cita previa para la obtención del DNIe. A pesar de la infame ventana emergente que cambia la forma del navegador y de pedir datos como las 9 cifras del equipo de expedición (mira que son ganas de disuadir al usuario), no consiguieron desanimarme. Sin embargo cuando en el siguiente paso intenté solicitar sobre un bonito mapa la provincia en que deseaba la cita la aplicación no me lo permitió.

Mala suerte pensé, un error en la aplicación. Sin ninguna acritud envié un correo electrónico describiendo el problema por si no lo conocían a fin de que pudiesen solucionarlo. Y así lo dejé ya que no tenía ninguna esperanza de recibir respuesta. Ni siquiera pensé que la historia valiese que os castigase con otro artículo.

Has que recibí la respuesta impagable que podéis ver en la imagen:


Claro está que hacía varios días que yo solo, sin ninguna ayuda, había llegado a esa conclusión y había solicitado la cita por teléfono. No sólo no conseguí mi propósito sino que además he perdido un poco más la fe en el correo electrónico de las administraciones públicas, incluso en los proyectos que llevan la palabra "electrónico" en el nombre.

Supongo que en el fondo tienen razón. Al fin y al cabo el teléfono es una tecnología madura que tiene más de 100 años y su funcionamiento está sobradamente probado. Entre otras bondades, es bastante fiable, los usuarios están entrenados y está ampliamente desplegada. Con poner un 902 está hecho. Por cierto, publicar un número de teléfono fijo para que la llamada no tenga coste para los usuarios con tarifa plana sería un detalle. En fin que otro fracaso más, aunque este ha resultado bastante cómico.